Manual de malas costumbres. (29-01-2002)
En un hipotético "Manual de malas costumbres" que recogiera los vicios más frecuentes y perniciosos de los ciudadanos que operamos en los mercados, la resistencia a vender con pérdidas ocuparía, sin duda, un lugar preferente. Dejo a los psicólogos el análisis más sesudo de los fundamentos en los que anida ese comportamiento que tantos quebrantos causa, pero me voy a permitir un par de apuntes desde el primitivismo más elemental:
1. Vender con pérdidas implica reconocer que nos equivocamos al comprar, o bien que no supimos vender a tiempo o bien que los stop loss no se inventaron para nosotros. Cualquiera de las tres cosas fustiga nuestro ego. Por lo tanto, no vendemos. Recurrimos al artificio de autoconvencernos que una pérdida en cartera no es tal; sólo son pérdidas las que se materializan. ¡Menudo negocio!
2. Mantener una posición en números rojos nos hace ser hostiles con el mercado, al que más tarde o más temprano creemos poder vencer, porque no dudamos, al menos a medio plazo, que nuestro valor acabará por recuperarse. Básicamente, manejamos la idea de que es precisamente el mercado el que terminará por darnos la razón, porque la razón es nuestra y no suya. Solamente circunstancias adversas (imprevistas y sobrevenidas, nunca intuíbles) han hecho que nuestra compra entrara en pérdidas.
Es relativamente usual que a ese análisis tan rudo por nuestra parte le acompañen actos de fe que acaban por fastidiar el asunto del todo. Me refiero a la muy arraigada costumbre, suficientemente comentada en este foro, de añadir posiciones en el valor cuando su cotización ha caído, para rebajar el precio medio de compra y seguir alimentando la creencia de que es inútil que el mercado, pobrecito, se resista a ponerse de nuestro lado. Con esa estrategia terminaremos por forrarnos, pensamos.
No es la primera vez que un inversor cualquiera inicia sus operaciones comprando títulos de A, B, C, D y E, pongamos por caso. Al cabo de un tiempo, A, B y E se han comportado bastante bien y nos dan sustanciosos beneficios, en tanto que D se mantiene sensiblemente en nuestros precios de entrada y C, en cambio, se ha deteriorado y la tenemos en pérdidas porque nos hemos resistido a largarla. El balance total es positivo, pero nos atormenta lo sucedido con C. ¿Qué hacemos? ¿Vendemos C y D y añadimos acciones de A, B y E, que están subiendo mucho? Ni hablar, haré justo lo contrario: voy liquidando aquello con lo que he ganado pasta y me hago poco a poco con un paquetón de C a un precio cojonudo, que se va a enterar la puta Bolsa de quien soy yo.
Al final, lástima, soy yo el que se entera quien es la puta Bolsa...